Prevención del suicidio: datos, señales de alerta y cómo ayudar
Septiembre es reconocido internacionalmente como el mes de prevención del…
Sigue leyendoSeptiembre es reconocido internacionalmente como el mes de prevención del suicidio, con acciones destinadas a ampliar la discusión sobre salud mental. En Brasil, la campaña Setembro Amarelo® (Septiembre Amarillo), organizada por la Asociación Brasileña de Psiquiatría (ABP) en colaboración con el Consejo Federal de Medicina, se considera la mayor iniciativa de concienciación sobre el tema en el mundo.
En 2024, el lema elegido fue “¡Si lo necesitas, pide ayuda!”, destacando la importancia del acceso a soporte adecuado. La movilización también se asocia con el Día Mundial de Prevención del Suicidio, el 10 de septiembre, que alerta sobre un dato preocupante: más de 720,000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 720,000 personas mueren por suicidio cada año, con más de 20 intentos por cada vida perdida. El fenómeno afecta a todos los grupos de edad, pero puede prevenirse mediante intervenciones basadas en evidencia (1). Entre niños y adolescentes de 5 a 19 años, el impacto es especialmente relevante: el suicidio se encuentra entre las principales causas de muerte en este rango de edad, con aproximadamente 52,000 muertes anuales a nivel global (2).
En Brasil, en 2021 se registraron 15,507 muertes por suicidio, de las cuales el 77,8% ocurrieron en hombres. La mortalidad tiene mayor peso en adolescentes y jóvenes, siendo la 11.ª causa de muerte entre niños de 5 a 14 años, la 3.ª entre 15 y 19 años y la 4.ª entre 20 y 29 años (3). En comparación internacional, Estados Unidos reportaron más de 49,000 muertes en 2023, según los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) (4), evidenciando la persistencia de niveles elevados en otros países.
Además de las tasas de mortalidad, se deben considerar factores de riesgo como los trastornos mentales. La depresión, por ejemplo, afecta a aproximadamente 16 millones de brasileños y está presente en cerca del 10% de la población adulta (IBGE), constituyendo uno de los principales factores asociados al suicidio.
El suicidio representa uno de los mayores desafíos de salud pública a nivel global, siendo responsable de aproximadamente 1 de cada 100 muertes en el mundo (1). Aunque complejo, es en gran parte prevenible cuando existe detección temprana, tratamiento adecuado y estrategias multisectoriales.
La prevención del suicidio implica más que la atención clínica individual. Incluye fortalecer redes de apoyo, reducir factores de riesgo sociales y conductuales y ampliar el acceso a servicios de salud mental. Las campañas de concienciación y la capacitación de profesionales también son herramientas centrales en este proceso.
Las campañas públicas juegan un papel esencial al reducir el estigma, promover información segura y conectar a las personas con servicios de salud. En Brasil, Setembro Amarelo® se lanzó en 2013 por la Asociación Brasileña de Psiquiatría (ABP), en colaboración con el Consejo Federal de Medicina. La iniciativa incluye acciones de capacitación, círculos de conversación y difusión de canales de apoyo, orientando a medios y a influencers a comunicar el tema de manera responsable, sin describir métodos y siempre incluyendo recursos de ayuda (5, 6).
Los trastornos mentales están presentes en el 96,8% de los casos de suicidio, según la ABP, lo que refuerza la necesidad de abordar el tema sin estigmas y con base en evidencia. En 2024, al cumplir 11 años, la campaña adoptó el lema “¡Si lo necesitas, pide ayuda!”, destacando que buscar ayuda es un acto de valentía que puede salvar vidas (7).
La movilización también se conecta con el Día Mundial de Prevención del Suicidio, celebrado el 10 de septiembre desde 2003, fecha que simboliza la importancia de intensificar las discusiones sobre salud mental en todo el mundo.
Por cada muerte por suicidio, existen muchos otros intentos y casos de autolesión. Los estudios muestran que, por cada óbito, hay decenas de atenciones por autolesiones y cientos de personas que piensan seriamente en suicidarse, evidenciando la importancia de la detección temprana y la atención en crisis (1, 8, 9).
El riesgo de suicidio es aproximadamente 50 veces mayor en pacientes que llegan al hospital tras un acto de autolesión, sea suicida o no.
La prevención efectiva depende de entender los principales factores de riesgo (1, 10):
El Ministerio de Salud de Brasil también destaca señales de alerta que pueden indicar riesgo inminente: hablar sobre la muerte (“me voy a desaparecer”, “no aguanto más”), comportamiento de aislamiento, despedidas, cambios bruscos de humor o apariencia y negligencia con el cuidado personal (3).
Reconocer estas señales no es una ciencia exacta, pero la observación atenta y el diálogo pueden ser determinantes en la prevención.
Los estudios indican patrones consistentes de riesgo (3):
La depresión es uno de los trastornos mentales más comunes en el mundo y un factor de riesgo importante para el suicidio. La OMS estima que aproximadamente 280 millones de personas viven con depresión, alrededor del 3,8% de la población global y el 5% de los adultos, siendo más frecuente entre mujeres. En el mismo período, más de 700,000 personas mueren por suicidio anualmente (1).
En Brasil, la Pesquisa Nacional de Saúde (PNS/IBGE) indica que la depresión autorreportada aumentó del 7,6% al 10,2% entre 2013 y 2019, lo que representa aproximadamente 16,3 millones de adultos con diagnóstico declarado por un profesional de salud. Poco más de la mitad recibió atención médica en el último año, evidenciando desafíos en el acceso y continuidad del cuidado (13, 14).
El Ministerio de Salud estima que la prevalencia de depresión a lo largo de la vida es de alrededor del 15,5% (3).
La OMS destaca que la depresión es una de las principales causas de discapacidad. Sin embargo, existen tratamientos eficaces, tanto farmacológicos como psicoterapéuticos, que deben ampliarse en los sistemas de salud.
La adolescencia es una etapa de grandes cambios físicos, emocionales y sociales, lo que puede hacer a los jóvenes más vulnerables a los trastornos mentales, incluida la depresión. Factores biológicos, como cambios hormonales, genética e historial familiar, se suman a factores ambientales como presión escolar, acoso escolar, conflictos familiares, aislamiento social y exposición a situaciones traumáticas.
El uso excesivo de redes sociales y la comparación constante con otros también pueden contribuir a sentimientos de insuficiencia y tristeza persistente (1, 14).
Los signos de depresión incluyen tristeza persistente, pérdida de interés en actividades, irritabilidad, cambios en el sueño y el apetito, dificultad para concentrarse y sentimientos de inutilidad o culpa. El tratamiento requiere un enfoque multiprofesional: psicoterapia (como terapia cognitivo-conductual), seguimiento médico y, en algunos casos, medicación prescrita por un profesional calificado.
La detección temprana es esencial, y familiares y docentes juegan un papel importante en la identificación de señales de alerta (1, 11).
Las pruebas farmacogenéticas se han mostrado herramientas fundamentales en el tratamiento de la depresión, ya que ayudan a comprender cómo las variaciones genéticas individuales influyen en la respuesta a los medicamentos. Los antidepresivos frecuentemente presentan eficacia variable y pueden causar efectos secundarios indeseados en algunos pacientes.
El análisis farmacogenético permite identificar variantes en genes relacionados con el metabolismo y la acción de estos fármacos, ofreciendo información valiosa para la elección del medicamento más adecuado y la dosis correcta para cada persona.
De este modo, los tests farmacogenéticos contribuyen a reducir el tiempo de prueba y error en la prescripción de antidepresivos, aumentando las probabilidades de respuesta positiva y disminuyendo el riesgo de reacciones adversas. Este enfoque personalizado favorece una mayor adherencia al tratamiento y mejora la calidad de vida del paciente. Además, representa un paso importante hacia la medicina de precisión en salud mental, permitiendo terapias más seguras, eficaces e individualizadas.
La Organización Mundial de la Salud propone el paquete de acciones conocido como LIVE LIFE, que integra medidas de prevención del suicidio, tales como (15):
En Brasil, la estrategia se implementa a través de la Red de Atención Psicosocial (RAPS), que involucra Unidades Básicas de Salud, Centros de Atención Psicosocial (CAPS), atención de urgencias y vigilancia epidemiológica (SIM y Sinan), para apoyar acciones focalizadas. El Ministerio de Salud enfatiza la necesidad de respuestas multisectoriales, articulando salud, educación, asistencia social y seguridad pública.
Además, el país cuenta con el CVV – Centro de Valorización de la Vida, un servicio nacional gratuito disponible 24 horas por teléfono (188), chat y correo electrónico, que realiza millones de atenciones anuales con voluntarios capacitados.
El mantenimiento de la salud mental depende de hábitos y pilares que promuevan equilibrio emocional, social y físico.
Entre los pilares se encuentran: sueño adecuado, alimentación equilibrada, actividad física regular, relaciones sociales saludables, manejo del estrés y momentos de ocio. El cuidado de la mente es tan importante como el cuidado del cuerpo (1).
Consejos prácticos para cuidarse a uno mismo:
Al percibir señales de riesgo, como menciones a la muerte o desesperanza, es importante:
Escuchar atentamente, validar sentimientos y mostrar que la persona no está sola son actitudes fundamentales. La empatía ayuda a reducir la sensación de aislamiento y fortalece la confianza, facilitando que busque ayuda adecuada. Las preguntas abiertas y formuladas con calma incentivan a la persona a expresarse sin miedo al juicio.
En Brasil, existen servicios públicos y privados para apoyo psicológico, tales como:
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El análisis proporciona información relevante sobre 81 fármacos actualmente más utilizados en medicina, a partir del estudio de 50 variantes genéticas descritas en la bibliografía científica, presentes en 8 genes: CYP1A2, CYP2C9, CYP2C19, CYP2D6, CYP3A4, CYP3A5, CYP2B6 y ABCB1.
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Referencias Bibliográficas
1. World Health Organization. Suicide: key facts. Geneva: World Health Organization; 2021. Disponível em: https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/suicide
2. Kim, S., Park, J., Lee, H. et al. Global public concern of childhood and adolescence suicide: a new perspective and new strategies for suicide prevention in the post-pandemic era. World J Pediatr 20, 872–900 (2024). https://doi.org/10.1007/s12519-024-00828-9
3. Boletim Epidemiológico do Ministério da Saúde, Volume 55, N.º 4, de 6 de fevereiro de 2024. Disponível em: https://www.gov.br/saude/pt-br/centrais-de-conteudo/publicacoes/boletins/epidemiologicos/edicoes/2024/boletim-epidemiologico-volume-55-no-04.pdf/%40%40download/file
4. Center for Disease Control and Prevention. Suicide Data and Statistics. 2025. Disponível em: https://www.cdc.gov/suicide/facts/data.html
5. Organização Pan Americana de Saúde – Pandemia de COVID-19 aumenta fatores de risco para suicídio. 2020. Disponível https://www.paho.org/pt/noticias/10-9-2020-pandemia-covid-19-aumenta-fatores-risco-para-suicidio?
6. World Health Organization. WHO Global Health Estimates. Disponível em:
https://www.who.int/teams/mental-health-and-substance-use/data-research/suicide-data
7. Setembro Amarelo: 11 anos de conscientização na prevenção ao suicídio. Conselho Federal de Medicina. 2024. Disponível em: https://portal.cfm.org.br/noticias/setembro-amarelo-11-anos-de-conscientizacao-na-prevencao-ao-suicidio.
8. Hawton, K., Bergen, H., Cooper, J., Turnbull, P., Waters, K., Ness, J., Kapur, N., 2015. Suicide following self-harm: findings from the multicentre study of self-harm in England, 2000–2012. J. Affect. Disord. 175, 147–151.
9. Lin, C.Y., Bickley, H., Clements, C., Webb, R.T., Gunnell, D., Hsu, C.Y., Chang, S.S., Kapur, N., 2019. Spatial patterning and correlates of self-harm in Manchester, England. Epidemiol. Psychiatr. Sci. 29, e72.
10. Organização Pan Americana de Saúde – Pandemia de COVID-19 aumenta fatores de risco para suicídio. 2020. Disponível https://www.paho.org/pt/noticias/10-9-2020-pandemia-covid-19-aumenta-fatores-risco-para-suicidio?
11. International Association for Suicide Prevention. Global Suicide Statistics. Disponível em https://www.iasp.info/wspd/references/
12. World Health Organization, 2022. ICD-11 for mortality and morbidity statistics (Version: 02/2022). https://icd.who.int/browse11/l-m/en#!/
13. Brito VCA, Bello-Corassa R, Stopa SR, Sardinha LMV, Dahl CM, Viana MC. Prevalência de depressão autorreferida no Brasil: Pesquisa Nacional de Saúde 2019 e 2013. Epidemiol. Serv. Saúde 31 (spe1) 202208 Jul 2022 https://doi.org/10.1590/SS2237-9622202200006.especial
14. Insttuto Brasileiro de Geografia e Estatístico. IBGE: pelo menos uma doença crônica afetou 52% dos adultos em 2019. 2020. Disponível em: https://agenciabrasil.ebc.com.br/saude/noticia/2020-11/ibge-pelo-menos-uma-doenca-cronica-afetou-52-dos-adultos-em-2019
15. LIVE LIFE: An Implementation Guide for Suicide Prevention in Countries. Diponível em: https://www.who.int/initiatives/live-life-initiative-for-suicide-prevention
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