Enfermedades hepáticas: impacto, prevención y diagnóstico precoz
Las enfermedades hepáticas representan una carga significativa para la salud global, con cerca…
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Las enfermedades hepáticas representan una carga significativa para la salud global, con cerca de dos millones de muertes anuales en todo el mundo, equivalente al 4% de todos los fallecimientos, predominantemente por cirrosis y carcinoma hepatocelular [1].
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las hepatitis virales causan 1,3 millones de muertes por año, con 3,5 mil fallecimientos diarios, siendo la segunda principal causa infecciosa de mortalidad [2]. Otras enfermedades, como la enfermedad hepática grasa metabólica asociada (MASLD), también poseen alta relevancia, afectando hasta al 38% de la población adulta global [1].
En Brasil, datos del Ministerio de Salud confirman más de 826 mil casos de hepatitis virales de 2000 a 2024, siendo 41,5% hepatitis C y 36,6% hepatitis B [3]. Ante este escenario, se refuerza la necesidad de estrategias eficaces de prevención y diagnóstico precoz de las enfermedades hepáticas, tema que será profundizado a continuación, con informaciones que contribuyen a la identificación oportuna, el manejo clínico y la reducción del impacto de estas condiciones en la salud pública. ¡Buena lectura!
El hígado es un órgano vital responsable de múltiples funciones esenciales para la homeostasis del organismo humano. Sus funciones incluyen [4]:
El hígado también participa en la regulación endocrina y del metabolismo energético, siendo fundamental para el mantenimiento de la glucemia y del metabolismo de los ácidos grasos [4].
Cuando el hígado es incapaz de desempeñar sus funciones metabólicas, sintéticas, regulatorias e inmunológicas, se instala el cuadro de disfunción hepática.
Las consecuencias clínicas varían según la gravedad y la etiología, pudiendo incluir ictericia, coagulopatía (por disminución de la síntesis de factores de coagulación), encefalopatía hepática (debido a la acumulación de amoníaco y otras toxinas), hipoglucemia (por falla en la gluconeogénesis), ascitis y edema (por hipoalbuminemia), además de predisposición a infecciones e insuficiencia renal asociada (síndrome hepatorrenal) [4,5].
La disfunción puede ser aguda, como en la insuficiencia hepática aguda (por ejemplo, intoxicación por paracetamol, hepatitis virales, fármacos), o crónica, como en la cirrosis, frecuentemente asociada al consumo de alcohol o hepatitis virales. En cuadros agudos, puede ocurrir deterioro rápido con riesgo de muerte, mientras que en la crónica hay evolución lenta, con manifestaciones como hipertensión portal, varices esofágicas y riesgo de carcinoma hepatocelular [4,5].
Los mecanismos fisiopatológicos incluyen necrosis hepatocelular, estrés oxidativo, disfunción mitocondrial, inflamación y fibrosis progresiva. Factores endocrinos, como resistencia a la insulina y alteraciones hormonales, también contribuyen al agravamiento del cuadro.
La evaluación laboratorial y por imagen es fundamental para el diagnóstico y monitoreo, pero las pruebas convencionales tienen limitaciones en la detección precoz [4,5].
Mantener la salud hepática depende de elecciones cotidianas relacionadas con el estilo de vida, que impactan directamente la función del hígado y el riesgo de progresión de enfermedades hepáticas. A continuación, se describen orientaciones prácticas basadas en evidencias científicas.
El alcohol puede causar lesión de las células hepáticas y llevar a la fibrosis (cicatrización), aumentando el riesgo de cirrosis y cáncer de hígado. Incluso pequeñas cantidades de alcohol pueden empeorar enfermedades como hígado graso, especialmente en personas con exceso de peso o diabetes.
El consumo moderado (hasta 20g/día para mujeres y 30g/día para hombres) ya está asociado a mayor riesgo de progresión de la enfermedad. Lo ideal es evitar o minimizar el consumo de alcohol para proteger el hígado [6].
Mantener un peso saludable es fundamental. Perder peso corporal puede ayudar a reducir la acumulación de grasa en el hígado y mejorar la inflamación, pudiendo revertir parte de la fibrosis. Ejercicios regulares, como caminatas, bicicleta o natación, por al menos 150 minutos por semana, traen beneficios incluso sin pérdida de peso, mejorando la salud del hígado y del corazón. Dieta y actividad física juntos son más eficaces que de manera aislada [7].
La automedicación o el uso de suplementos no debe realizarse sin orientación médica o de un nutricionista. Muchos productos naturales o suplementos pueden sobrecargar el hígado y causar daños, incluso si se venden como “detox” o “naturales”. No hay evidencia de que suplementos o tés “detox” limpien o regeneren el hígado [8].
El patrón alimentario más recomendado es la dieta rica en vegetales, frutas, granos integrales, aceite de oliva, pescados y carnes blancas, con poco azúcar, grasa saturada y carnes procesadas. Reducir alimentos ultraprocesados, refrescos y dulces es esencial. No existe una lista de “alimentos detox” comprobada científicamente; lo importante es el patrón alimentario equilibrado y variado, no alimentos aislados [7].
La evaluación de la función hepática involucra pruebas de laboratorio e imagen, con indicaciones y periodicidad guiadas por el perfil de riesgo del paciente. A continuación, los principales exámenes relacionados.
Las principales pruebas de sangre para la evaluación de la función hepática son ALT/TGP, AST/TGO, GGT, fosfatasa alcalina y bilirrubinas (total y fracciones) [8,9]. Cada una tiene indicaciones y utilidades específicas [8-10]:
La ecografía abdominal es el método inicial para evaluar esteatosis, lesiones focales y signos de cirrosis. La elastografía (por US o resonancia) está indicada para la cuantificación de fibrosis hepática, especialmente en pacientes con riesgo aumentado o alteraciones laboratoriales persistentes. La tomografía computarizada se reserva para la investigación de masas, complicaciones o cuando la ecografía es inconclusa [11].
Para pacientes de bajo riesgo, la evaluación anual es suficiente. En individuos con riesgo aumentado (obesidad, diabetes tipo 2, consumo de alcohol, uso crónico de fármacos), se recomienda un monitoreo más frecuente, conforme a la evolución clínica y hallazgos laboratoriales.
El abordaje debe siempre considerar el contexto clínico, historial de exposición a factores de riesgo e integración de los hallazgos laboratoriales y de imagen para orientar la investigación y el manejo [6].
Existen mitos populares sobre la “desintoxicación hepática”, que incluyen alegaciones de que dietas, suplementos o procedimientos pueden “limpiar” el hígado en pocos días o eliminar toxinas rápidamente. Sin embargo, no hay base científica para tales afirmaciones [12].
El hígado ya realiza la detoxificación fisiológica continuamente mediante vías enzimáticas (fases I y II), metabolizando xenobióticos y residuos endógenos de forma eficiente en individuos sanos. Revisiones sistemáticas y análisis de suplementos populares muestran que no existe evidencia robusta de que productos comercializados como “liver cleanse” o “detox” promuevan beneficios mensurables en la función hepática o aceleren la eliminación de toxinas [12].
Prácticas basadas en evidencias para apoyar la salud hepática se concentran en factores de estilo de vida. Se recomiendan intervenciones como alimentación equilibrada (con restricción de ultraprocesados y azúcares), control del peso corporal, actividad física regular y moderación o abstinencia de alcohol, especialmente en pacientes con factores de riesgo metabólicos [12].
Un sueño de buena calidad y la reducción del comportamiento sedentario también están asociados a menor riesgo de enfermedad hepática grasa no alcohólica y mejor perfil metabólico. Estas medidas pueden mejorar marcadores laboratoriales y reducir la progresión de la enfermedad hepática, pero no garantizan “desintoxicación” ni reversión rápida de daños [12].
Las pruebas genéticas tienen un papel importante en la identificación de enfermedades hepáticas monogénicas raras, como hemocromatosis hereditaria, enfermedad de Wilson, deficiencia de alfa-1 antitripsina, colestasis genéticas y otras condiciones que pueden manifestarse con alteraciones hepáticas inespecíficas o historia familiar sugestiva [13,14].
La indicación ocurre principalmente en pacientes con cuadro clínico atípico, inicio precoz, historia familiar positiva, o cuando las pruebas convencionales no esclarecen la etiología. La prueba también es útil para el cribado familiar y el asesoramiento genético, permitiendo diagnóstico precoz y manejo personalizado [13,14].
En enfermedades hepáticas comunes, variantes genéticas (como en los genes PNPLA3, TM6SF2) pueden influir en el riesgo y la gravedad, pero el uso clínico de pruebas genéticas para estratificación de riesgo poblacional aún no está recomendado rutinariamente. La prueba genética puede considerarse en situaciones específicas de riesgo familiar elevado o cuando hay sospecha de enfermedad monogénica [13,14].
Es importante explicar que la prueba genética no sustituye las pruebas de función hepática. Los exámenes laboratoriales (ALT, AST, bilirrubinas, FA, GGT, albúmina, tiempo de protrombina) evalúan directamente el estado funcional y el grado de lesión hepática en el momento de la prueba, mientras que la prueba genética identifica predisposición o causa etiológica, sin proporcionar información sobre actividad, gravedad o evolución de la enfermedad.
El manejo clínico exige integración de los hallazgos genéticos con datos bioquímicos, imagen e historia clínica para una evaluación completa [13,14].
Como se mencionó, el diagnóstico precoz de enfermedades hepáticas es fundamental para evitar desenlaces clínicos graves. A continuación, presentamos un rápido checklist visual de señales de alerta para enfermedad hepática que pueden ser fácilmente identificadas [9]:
El FibroMax es un examen de laboratorio no invasivo indicado para la evaluación integrada de la lesión hepática, ayudando en la identificación del riesgo de fibrosis, cirrosis y carcinoma hepatocelular asociados a diferentes condiciones clínicas, especialmente metabólicas y relacionadas con el estilo de vida.
Representa una alternativa importante a la biopsia hepática en contextos seleccionados, contribuyendo al seguimiento y a la estratificación de riesgo de los pacientes.
El análisis del FibroMax se basa en la combinación de cinco pruebas validadas, que evalúan diferentes aspectos de la enfermedad hepática. Estas pruebas incluyen la estimación del grado de fibrosis (FibroTest), de la esteatosis hepática (SteatoTest), de la actividad necroinflamatoria de origen viral (ActiTest), de la inflamación asociada a la esteatosis metabólica, como en la esteatohepatitis no alcohólica – NASH (NASHTest), y de la inflamación relacionada con el consumo de alcohol (ASHTest).
El examen está particularmente indicado para pacientes con esteatosis hepática sin fibrosis aparente, así como para aquellos con lesiones más avanzadas, como fibrosis significativa o NASH, en los cuales existe mayor riesgo de progresión hacia cirrosis y cáncer de hígado. De esta forma, el FibroMax ofrece un soporte relevante para la toma de decisiones clínicas y el monitoreo de la evolución de la enfermedad.
En conjunto, el FibroMax se consolida como una herramienta diagnóstica integral para la evaluación de la salud del hígado, integrando múltiples marcadores en un único análisis y ampliando las posibilidades de detección precoz y seguimiento de las enfermedades hepáticas.
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Porque causan millones de muertes anuales en el mundo, principalmente por cirrosis y carcinoma hepatocelular.
Hepatitis virales, consumo de alcohol, enfermedades metabólicas como MASLD, obesidad y diabetes están entre las principales.
Pueden aparecer ictericia, ascitis, encefalopatía hepática, alteraciones de la coagulación y mayor riesgo de infecciones.
Incluso cantidades consideradas moderadas pueden agravar enfermedades hepáticas, especialmente en personas con factores de riesgo.
Sí. Los ejercicios regulares reducen la grasa hepática y la inflamación, incluso sin pérdida significativa de peso.
No. No existe evidencia científica de que suplementos o tés “detox” mejoren o regeneren la función hepática.
Pruebas de sangre, imagen y exámenes no invasivos como el FibroMax ayudan en la detección y el monitoreo precoz.
En muchos casos, sí, como herramienta no invasiva para la estratificación de riesgo.
Pacientes con esteatosis, riesgo metabólico, consumo de alcohol o sospecha de fibrosis.
No. Se realiza a partir de una muestra de sangre.
Referencias bibliográficas:
[1] Devarbhavi H, Asrani SK, Arab JP, Nartey YA, Pose E, Kamath PS. Global burden of liver disease: 2023 update. J Hepatol. 2023 Aug;79(2):516-537. doi: 10.1016/j.jhep.2023.03.017
[2] WHO. Hepatitis. Disponível em: https://www.who.int/health-topics/hepatitis#tab=tab_1 Acesso em: 16/12/2025
[3] Associação Paulista de Medicina. Ministério da Saúde apresenta dados referentes às Hepatites Virais. Disponível em: https://www.apm.org.br/ministerio-da-saude-apresenta-dados-referentes-as-hepatites-virais/ Acesso em: 16/12/2025
[4] Trefts E, Gannon M, Wasserman DH. The liver. Curr Biol. 2017 Nov 6;27(21):R1147-R1151. doi: 10.1016/j.cub.2017.09.019
[5] Perez Ruiz de Garibay A, Kortgen A, Leonhardt J, Zipprich A, Bauer M. Critical care hepatology: definitions, incidence, prognosis and role of liver failure in critically ill patients. Crit Care. 2022 Sep 26;26(1):289. doi: 10.1186/s13054-022-04163-1
[6] Kanwal F, Shubrook JH, Adams LA, Pfotenhauer K, Wai-Sun Wong V, Wright E, Abdelmalek MF, Harrison SA, Loomba R, Mantzoros CS, Bugianesi E, Eckel RH, Kaplan LM, El-Serag HB, Cusi K. Clinical Care Pathway for the Risk Stratification and Management of Patients With Nonalcoholic Fatty Liver Disease. Gastroenterology. 2021 Nov;161(5):1657-1669. doi: 10.1053/j.gastro.2021.07.049
[7] Sheikh MY, Younus MF, Shergill A, Hasan MN. Diet and Lifestyle Interventions in Metabolic Dysfunction-Associated Fatty Liver Disease: A Comprehensive Review. Int J Mol Sci. 2025 Oct 2;26(19):9625. doi: 10.3390/ijms26199625
[8] Rinella ME, Neuschwander-Tetri BA, Siddiqui MS, Abdelmalek MF, Caldwell S, Barb D, Kleiner DE, Loomba R. AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease. Hepatology. 2023 May 1;77(5):1797-1835. doi: 10.1097/HEP.0000000000000323
[9] Kwo PY, Cohen SM, Lim JK. ACG Clinical Guideline: Evaluation of Abnormal Liver Chemistries. Am J Gastroenterol. 2017 Jan;112(1):18-35. doi: 10.1038/ajg.2016.517
[10] Pratt DS, Kaplan MM. Evaluation of abnormal liver-enzyme results in asymptomatic patients. N Engl J Med. 2000 Apr 27;342(17):1266-71. doi: 10.1056/NEJM200004273421707
[11] Benson, A. B., D’Angelica, M. I., Abbott, D. E., Anaya, D. A., Anders, R., Are, C., Bachini, M., Borad, M., Brown, D., Burgoyne, A., Chahal, P., Chang, D. T., Cloyd, J., Covey, A. M., Glazer, E. S., Goyal, L., Hawkins, W. G., Iyer, R., Jacob, R., Kelley, R. K., Kim, R., Levine, M., Palta, M., Park, J. O., Raman, S., Reddy, S., Sahai, V., Schefter, T., Singh, G., Stein, S., Vauthey, J., Venook, A. P., Yopp, A., McMillian, N. R., Hochstetler, C., & Darlow, S. D. (2021). Hepatobiliary Cancers, Version 2.2021, NCCN Clinical Practice Guidelines in Oncology. Journal of the National Comprehensive Cancer Network, 19(5), 541-565. Retrieved Dec 17, 2025, from https://doi.org/10.6004/jnccn.2021.0022
[12] Gardezi SA, Jawad MA, Albahrani MY. Breaking the silence on liver myths: a call for evidence-based practice. Clin Med (Lond). 2025 Oct 28;25(6):100525. doi: 10.1016/j.clinme.2025.100525
[13] Allouni S, Ala A. Rare but relevant: Genetic liver disease in the general medical setting. Clin Med (Lond). 2025 Nov 19;25(6):100535. doi: 10.1016/j.clinme.2025.100535. Epub ahead of print. PMID: 41270864.
[14] Schonfeld EA, Brown RS Jr. Genetic Testing in Liver Disease: What to Order, in Whom, and When. Clin Liver Dis. 2017 Nov;21(4):673-686. doi: 10.1016/j.cld.2017.06.001. Epub 2017 Jul 29. PMID: 28987255.
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