Esclerosis múltiple: ¿cómo identificar los síntomas y qué pruebas ayudan en el diagnóstico? - Synlab

Esclerosis múltiple: ¿cómo identificar los síntomas y qué pruebas ayudan en el diagnóstico?

Publicado por SYNLAB en 26 en junio en 2026
Autor del texto: Carla Peluso, PhD
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Imagine perder temporalmente la visión, sentir debilidad en uno de los lados del cuerpo o experimentar una fatiga incapacitante sin una explicación aparente. Para millones de personas en todo el mundo, estos pueden ser algunos de los primeros signos de la esclerosis múltiple, una enfermedad autoinmune que afecta al cerebro y a la médula espinal. Considerada la principal causa no traumática de discapacidad neurológica en adultos jóvenes, la esclerosis múltiple representa un importante desafío para los pacientes, sus familias y los profesionales de la salud. 

 

En las últimas décadas, los avances significativos en el diagnóstico y el tratamiento han permitido mejorar el control de la enfermedad y la calidad de vida de los pacientes. Actualmente, diversas terapias modificadoras de la enfermedad son capaces de reducir la frecuencia de los brotes y retrasar la progresión de la discapacidad neurológica. 

 

Desde los primeros signos hasta el seguimiento de la enfermedad, un diagnóstico preciso desempeña un papel fundamental en la atención de la esclerosis múltiple. En este artículo comprenderá los síntomas de la enfermedad y los avances que contribuyen a una atención y un manejo clínico individualizados. 

¿Qué es la esclerosis múltiple?

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad inflamatoria crónica autoinmune del sistema nervioso central, caracterizada por desmielinización focal y neurodegeneración difusa en la sustancia blanca y gris del cerebro y la médula espinal. En otras palabras, se trata de una condición en la que el propio sistema inmunitario ataca la mielina, una capa protectora que rodea las fibras nerviosas, comprometiendo la transmisión de los impulsos nerviosos entre el cerebro, la médula espinal y el resto del cuerpo (1, 2). 

 

Cuando ocurre este proceso inflamatorio, aparecen áreas de lesión conocidas como placas desmielinizantes. Estas lesiones pueden afectar la comunicación entre diferentes regiones del sistema nervioso, provocando la aparición de síntomas variados, como alteraciones visuales, hormigueo, debilidad muscular, problemas de equilibrio y fatiga (3). 

 

La esclerosis múltiple suele diagnosticarse entre los 20 y los 40 años, aunque puede presentarse en otros grupos etarios. La enfermedad es más frecuente en mujeres y presenta una evolución muy variable, pudiendo manifestarse mediante brotes intercalados con períodos de recuperación o por una progresión gradual de los síntomas a lo largo del tiempo. 

 

¿La esclerosis múltiple es una enfermedad degenerativa?

La esclerosis múltiple no es solo una enfermedad desmielinizante, sino también una enfermedad neurodegenerativa del sistema nervioso central, caracterizada por la pérdida de neuronas y de sus prolongaciones, los axones. Aunque a menudo se describe como una condición inflamatoria, es decir, que implica una respuesta del sistema inmunitario que conduce a la formación de lesiones y a la destrucción de la mielina, se sabe que, paralelamente, se produce un daño progresivo en las estructuras neuronales (4). 

 

Por este motivo, la esclerosis múltiple no se considera únicamente una enfermedad inflamatoria. Actualmente se sabe que los mecanismos inflamatorios y neurodegenerativos coexisten desde las fases iniciales de la enfermedad. Mientras que la inflamación está más asociada a los brotes y a la aparición de nuevas lesiones, la neurodegeneración contribuye a la progresión de la discapacidad neurológica a lo largo del tiempo (1, 5). 

 

Esta comprensión más amplia de la enfermedad ha impulsado el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas y de biomarcadores capaces de monitorizar tanto la actividad inflamatoria como el daño neuronal, permitiendo un seguimiento cada vez más personalizado de los pacientes. 

 

¿Cuál es la causa y cuáles son los factores de riesgo de la esclerosis múltiple?

La causa exacta de la esclerosis múltiple (EM) aún no se comprende completamente, pero se cree que la enfermedad es el resultado de la interacción entre factores genéticos, ambientales e inmunológicos, que llevan al sistema inmunitario a atacar estructuras del propio sistema nervioso central (2, 6). 

 

Aunque no se considera una enfermedad hereditaria, la predisposición genética desempeña un papel importante en su desarrollo. 

 

El riesgo de desarrollar EM es mayor entre los familiares de primer grado de personas afectadas, variando entre el 2 % y el 4 %, en comparación con aproximadamente el 0,1 % en la población general. Además, los estudios con gemelos monocigóticos muestran una concordancia del 30 % al 50 %, lo que refuerza la influencia de los factores genéticos (6). 

 

Hasta la fecha, se han identificado más de 200 variantes genéticas asociadas con la susceptibilidad a la enfermedad, siendo el haplotipo HLA-DRB1*15:01 el factor genético de riesgo más fuertemente relacionado con la EM (6,7). 

 

Además de la predisposición genética, diversos factores ambientales se han asociado con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. 

 

Uno de los más estudiados es la infección por el virus de Epstein-Barr (EBV), responsable de la mononucleosis infecciosa. Evidencias recientes sugieren que prácticamente todos los pacientes con esclerosis múltiple presentan una infección previa por este virus, lo que refuerza su posible participación en el desencadenamiento de la respuesta autoinmune (8). 

 

Entre los demás factores destacan las regiones de mayor latitud, donde la incidencia de la EM es más elevada, el tabaquismo, la obesidad, los bajos niveles de vitamina D y la reducida exposición a la luz solar (6,7). 

 

Se cree que estos factores pueden influir en la respuesta inmunitaria, contribuyendo al desarrollo de la enfermedad en individuos genéticamente susceptibles. 

 

¿Cuáles son los síntomas de la esclerosis múltiple?

La esclerosis múltiple puede manifestarse de formas muy diferentes entre los pacientes, ya que los signos y síntomas dependen de la localización y de la extensión de las lesiones en el sistema nervioso central. Mientras que algunas personas presentan episodios transitorios con una recuperación significativa, otras pueden desarrollar manifestaciones más persistentes con el paso del tiempo (1, 5). 

 

Una característica destacada de la enfermedad es la aparición de brotes neurológicos, definidos por la aparición de nuevos signos o por el empeoramiento de síntomas preexistentes durante más de 24 horas, sin relación con infecciones u otras causas identificables (1). 

 

Los primeros indicios pueden incluir alteraciones visuales, sensación de hormigueo, entumecimiento, debilidad muscular, dificultades de equilibrio y fatiga intensa. En muchos casos, especialmente en las fases iniciales, estos episodios pueden remitir parcial o completamente después del brote. 

 

Las manifestaciones más frecuentes pueden agruparse según la función neurológica afectada. 

 

Síntomas visuales: se encuentran entre las manifestaciones más frecuentes de la enfermedad y pueden incluir: 

  • Visión borrosa;
  • Dolor ocular;
  • Pérdida parcial de la visión;
  • Visión doble (diplopía);
  • Dificultad para distinguir colores.

Síntomas sensitivos: suelen ser uno de los primeros signos de la enfermedad e incluyen: 

  • Hormigueo;
  • Entumecimiento;
  • Sensación de ardor;
  • Sensación de descarga eléctrica al flexionar el cuello (signo de Lhermitte);
  • Alteraciones en la percepción de la temperatura y el tacto.

Síntomas motores: cuando las lesiones afectan áreas responsables del control de los movimientos, pueden aparecer: 

  • Debilidad muscular;
  • Rigidez o espasticidad;
  • Dificultad para caminar;
  • Alteraciones de la coordinación motora;
  • Temblores.

Además de estos síntomas, algunas personas pueden presentar alteraciones urinarias e intestinales, dificultades cognitivas, alteraciones emocionales y fatiga crónica, considerada uno de los síntomas más incapacitantes de la enfermedad. 

Tipo de síntoma  Ejemplos 
Visuales  Visión doble, visión borrosa, pérdida visual 
Sensitivos  Hormigueo, entumecimiento, sensación de descarga eléctrica 
Motores  Debilidad muscular, dificultad para caminar 
Equilibrio  Mareo, inestabilidad, coordinación reducida 
Cognitivos  Dificultades de memoria y concentración 
Otros  Fatiga, alteraciones urinarias e intestinales 

  

¿Cuáles son los tipos de esclerosis múltiple?

La esclerosis múltiple se clasifica en cuatro tipos principales según el curso clínico inicial de la enfermedad (patrón de brotes y progresión a lo largo del tiempo) (1, 9, 10). 

 

La clasificación actual ayuda a definir el pronóstico y a elegir el tratamiento más adecuado para cada paciente. 

 

Síndrome clínicamente aislado (SCA)

Corresponde al primer episodio neurológico sugestivo de desmielinización del sistema nervioso central y puede representar la primera manifestación de la esclerosis múltiple. Este evento puede presentarse como neuritis óptica, mielitis o afectación del tronco encefálico, causando síntomas como alteraciones visuales, debilidad, entumecimiento o problemas de equilibrio. 

 

No todas las personas con SCA desarrollarán esclerosis múltiple. Sin embargo, la presencia de lesiones características en la resonancia magnética se asocia con un mayor riesgo de nuevos episodios desmielinizantes y de progresión hacia una enfermedad clínicamente definida (1). 

 

Por ello, el seguimiento neurológico y la realización de pruebas complementarias son fundamentales para evaluar el riesgo de evolución y orientar el manejo adecuado del paciente. 

 

Esclerosis múltiple remitente-recurrente (EMRR)

Es la forma más frecuente de la enfermedad, representando aproximadamente entre el 85 % y el 90 % de los casos en el momento del diagnóstico. Esta forma clínica se caracteriza por la aparición de brotes neurológicos, definidos como episodios de disfunción neurológica con una duración superior a 24 horas, en ausencia de fiebre o infección, seguidos de períodos de remisión (9). 

 

Durante las remisiones, los síntomas pueden desaparecer por completo o presentar solo una recuperación parcial, dejando secuelas neurológicas residuales. Entre los brotes, generalmente no existe una progresión continua de la discapacidad, aunque la acumulación de lesiones a lo largo del tiempo puede contribuir a la aparición de déficits permanentes (9). 

 

La EMRR suele manifestarse en adultos jóvenes, con una edad media de inicio cercana a los 30 años, y es aproximadamente tres veces más frecuente en mujeres que en hombres (9). 

 

Esclerosis múltiple primaria progresiva (EMPP)

Corresponde aproximadamente al 10 %–15 % de los casos de esclerosis múltiple. A diferencia de la forma remitente-recurrente, esta variante se caracteriza por un aumento gradual y continuo de la discapacidad neurológica desde el inicio de la enfermedad, sin la aparición de brotes claramente definidos en la mayoría de los pacientes (1, 9). 

 

Las manifestaciones clínicas suelen aparecer de manera insidiosa y progresar lentamente con el tiempo. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la debilidad muscular, la dificultad para caminar, las alteraciones del equilibrio y los trastornos de la marcha, reflejando el deterioro progresivo de las vías nerviosas responsables del control motor. 

 

La EMPP suele manifestarse alrededor de los 40 años de edad. Además, a diferencia de otras formas de la enfermedad, no existe una predominancia significativa entre los sexos, afectando a hombres y mujeres de manera similar (9). 

 

Esclerosis múltiple secundaria progresiva (EMSP)

Representa una fase evolutiva de la esclerosis múltiple remitente-recurrente. En esta forma clínica, el paciente comienza a presentar un aumento gradual y continuo de la discapacidad neurológica con el paso del tiempo, reflejando una mayor contribución de los mecanismos neurodegenerativos a la progresión de la enfermedad. 

 

Aunque algunos pacientes continúan presentando brotes durante esta fase, la principal característica de la EMSP es la progresión de la discapacidad independientemente de la actividad inflamatoria aguda. Como resultado, las alteraciones motoras, las dificultades para caminar, el compromiso del equilibrio y las limitaciones funcionales pueden hacerse más evidentes con el paso de los años. Se estima que entre el 15 % y el 30 % de las personas inicialmente diagnosticadas con EMRR desarrollan la forma secundaria progresiva a largo plazo (1, 5). 

 

¿Qué pruebas ayudan en el diagnóstico de la esclerosis múltiple?

Actualmente, no existe una única prueba capaz de confirmar por sí sola el diagnóstico de esclerosis múltiple. El diagnóstico se basa en los Criterios de McDonald (2017, actualizados en 2024), en la demostración de lesiones inflamatorias diseminadas en diferentes regiones del sistema nervioso central y ocurridas en distintos momentos, además de la exclusión de diagnósticos alternativos (11, 12). 

 

Las pruebas que suelen solicitarse son: 

Resonancia magnética (RM)

Se considera la principal prueba para la investigación de la esclerosis múltiple. A través de ella es posible identificar lesiones características en el cerebro, la médula espinal y los nervios ópticos. Además de ayudar en el diagnóstico, la resonancia magnética desempeña un papel fundamental en el monitoreo de la actividad de la enfermedad y de la respuesta al tratamiento (11). 

 

Evaluación del líquido cefalorraquídeo (LCR)

El análisis del líquido cefalorraquídeo puede proporcionar información importante cuando el diagnóstico no está completamente definido. Uno de los hallazgos más característicos es la presencia de bandas oligoclonales de inmunoglobulina G (IgG), observadas en aproximadamente el 85 %–95 % de los pacientes con esclerosis múltiple (13). 

 

Aunque este resultado no es exclusivo de la enfermedad, su presencia puede aumentar la confianza diagnóstica cuando se interpreta junto con los demás hallazgos clínicos (13, 14). 

 

La evaluación de las cadenas ligeras libres ayuda como marcador de inflamación intratecal incluido en los Criterios de McDonald, constituyendo una herramienta complementaria para apoyar el diagnóstico de la esclerosis múltiple (11). 

 

Potenciales evocados

Los potenciales evocados son estudios neurofisiológicos que evalúan la velocidad de conducción de los impulsos nerviosos. Pueden identificar alteraciones en vías nerviosas aparentemente asintomáticas y contribuir a demostrar lesiones en diferentes regiones del sistema nervioso central (11). 

 

Pruebas para la exclusión de diagnósticos diferenciales

Dado que no existe una prueba única capaz de confirmar la esclerosis múltiple, la investigación diagnóstica también busca excluir otras condiciones que pueden causar síntomas similares. Para ello, pueden solicitarse pruebas para neuromielitis óptica (anticuerpos antiacuaporina-4 y anti-MOG), enfermedades autoinmunes sistémicas, infecciones como sífilis y VIH, evaluación de vitamina B12 y ácido fólico, además de pruebas genéticas en casos seleccionados, como ante la sospecha de la enfermedad de Fabry (12). 

 

Neurofilamentos y su relación con la esclerosis múltiple

Los neurofilamentos son proteínas estructurales presentes en las neuronas, especialmente en los axones, y desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la integridad celular. Cuando ocurre una lesión neuroaxonal, como la observada en la esclerosis múltiple, estas proteínas se liberan al líquido cefalorraquídeo y a la circulación sanguínea. 

 

Entre ellas, la cadena ligera de neurofilamentos (NfL) se ha destacado como un importante biomarcador de daño neuronal, pudiendo medirse tanto en el líquido cefalorraquídeo como en plasma o suero (15,16). 

 

Los estudios demuestran que niveles elevados de NfL están asociados con la actividad inflamatoria de la enfermedad, incluidos los brotes clínicos y la aparición de nuevas lesiones en la resonancia magnética. Además, pueden observarse concentraciones aumentadas incluso en ausencia de síntomas, reflejando actividad inflamatoria subclínica y daño neuroaxonal en curso (16). 

 

Aunque no se utiliza para confirmar de forma aislada el diagnóstico de la esclerosis múltiple, el NfL está ganando relevancia como herramienta complementaria para la evaluación pronóstica y el monitoreo de la enfermedad. 

 

Los niveles elevados se asocian con un mayor riesgo de actividad futura, progresión de la discapacidad y atrofia cerebral, mientras que la reducción de sus niveles tras el inicio del tratamiento puede indicar una respuesta terapéutica adecuada. De este modo, el NfL tiene potencial para contribuir a la individualización del seguimiento clínico y de las decisiones terapéuticas en pacientes con esclerosis múltiple (17, 18). 

 

En el blog de SYNLAB hablamos sobre la creciente relevancia de los neurofilamentos como biomarcadores para enfermedades neurológicas. Descubra aquí cómo contribuyen al diagnóstico y al seguimiento clínico. 

 

Tratamientos para la esclerosis múltiple

Aunque todavía no existe una cura para la esclerosis múltiple, los avances terapéuticos de las últimas décadas han transformado significativamente el manejo de la enfermedad. Actualmente, los principales objetivos del tratamiento son reducir la frecuencia de los brotes, controlar la actividad inflamatoria, retrasar la progresión de la discapacidad y preservar la calidad de vida de los pacientes (1, 12). 

 

De manera general, el tratamiento de la esclerosis múltiple se basa en tres pilares principales: las terapias modificadoras de la enfermedad, el tratamiento de los brotes agudos y la rehabilitación con seguimiento multidisciplinario. 

 

Terapias modificadoras de la enfermedadSon tratamientos que utilizan medicamentos que actúan sobre el sistema inmunitario para reducir la actividad inflamatoria de la esclerosis múltiple. Su objetivo es disminuir la aparición de brotes, reducir la formación de nuevas lesiones en el sistema nervioso central y retrasar la progresión de la discapacidad. Actualmente existen diferentes clases terapéuticas disponibles, lo que permite individualizar el tratamiento de acuerdo con las características y la actividad de la enfermedad de cada paciente (19, 20). 

 

Tratamiento de los brotes: Durante los brotes, cuando aparecen nuevos síntomas o empeoran manifestaciones ya existentes, pueden utilizarse fármacos antiinflamatorios, especialmente corticosteroides, para acelerar la recuperación clínica. En situaciones específicas, pueden considerarse otras estrategias terapéuticas cuando la respuesta al tratamiento inicial no es satisfactoria (1, 12). 

 

Rehabilitación y seguimiento multidisciplinario: La rehabilitación se considera una parte fundamental del tratamiento de la esclerosis múltiple. Dependiendo de las necesidades de cada paciente, el seguimiento puede involucrar a fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas, psicólogos, nutricionistas y neurólogos. La evidencia demuestra que los programas de rehabilitación y la actividad física supervisada pueden contribuir a mejorar la movilidad, la independencia funcional, la fatiga y la calidad de vida (21). 

 

Además del tratamiento médico, los hábitos de vida saludables, como la práctica regular de actividad física y el seguimiento continuo por parte de un equipo multidisciplinario, también desempeñan un papel importante en el control de la enfermedad y en el mantenimiento del bienestar a lo largo del tiempo (20). 

 

¿Qué pruebas ofrece SYNLAB para la investigación y el monitoreo de la esclerosis múltiple?

SYNLAB dispone de biomarcadores de laboratorio que pueden ayudar tanto en la investigación diagnóstica como en el seguimiento de la esclerosis múltiple. 

 

Entre las principales pruebas disponibles se encuentran: 

  • Bandas oligoclonales de IgG en LCR: marcador de síntesis intratecal de inmunoglobulinas, presente en aproximadamente el 95 % de los pacientes con esclerosis múltiple;
  • Cadenas ligeras libres kappa: biomarcador de actividad inflamatoria intratecal, utilizado como complemento en la investigación de la enfermedad;
  • Neurofilamentos (NfL) en LCR y plasma: marcador de daño axonal, útil para la evaluación de la actividad de la enfermedad y el monitoreo de la respuesta terapéutica;
  • GFAP (Glial Fibrillary Acidic Protein): biomarcador de daño astrocitario, con potencial aplicación en la evaluación de la progresión y el monitoreo de la esclerosis múltiple.

 

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La realización de exámenes precisos y actualizados es esencial para diagnósticos más certeros y para el mejor direccionamiento de los tratamientos. SYNLAB está aquí para ayudarle. 

 

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Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Cuáles son los primeros signos de la esclerosis múltiple?

Los primeros signos de la esclerosis múltiple pueden variar de una persona a otra, pero con frecuencia incluyen alteraciones visuales, como visión borrosa o dolor al mover los ojos, además de hormigueo, entumecimiento, debilidad muscular, dificultad para caminar, pérdida del equilibrio y fatiga intensa. Como estos síntomas también pueden aparecer en otras enfermedades, la evaluación médica es fundamental para determinar su causa. 

 

¿Cómo saber si tengo esclerosis múltiple?

La sospecha de esclerosis múltiple debe ser evaluada por un neurólogo, especialmente cuando los síntomas neurológicos persisten durante más de 24 horas o aparecen en episodios recurrentes. El diagnóstico se basa en la combinación de la historia clínica, el examen neurológico, la resonancia magnética y, en algunos casos, pruebas de laboratorio y análisis del líquido cefalorraquídeo. 

 

¿Los análisis de sangre detectan la esclerosis múltiple?

No existe un análisis de sangre capaz de confirmar por sí solo el diagnóstico de la esclerosis múltiple. Sin embargo, las pruebas de laboratorio pueden ayudar a descartar otras enfermedades con síntomas similares y contribuir al seguimiento de la seguridad y la respuesta a los tratamientos. 

 

¿La esclerosis múltiple tiene cura?

Actualmente, la esclerosis múltiple no tiene una cura definitiva. Sin embargo, existen tratamientos capaces de reducir la frecuencia de los brotes, controlar la actividad de la enfermedad, retrasar la progresión de la discapacidad y mejorar la calidad de vida de los pacientes. 

 

¿La esclerosis múltiple es hereditaria?

La esclerosis múltiple no se considera una enfermedad hereditária clásica. Aunque los factores genéticos contribuyen a aumentar la susceptibilidad a su desarrollo, la mayoría de los pacientes no tiene antecedentes familiares de la enfermedad. Se cree que la esclerosis múltiple resulta de la interacción entre factores genéticos, ambientales e inmunológicos. 

 

¿Cuándo consultar a un médico?

Se recomienda buscar atención médica ante síntomas como pérdida repentina de la visión, visión doble, hormigueo persistente, entumecimiento, debilidad muscular, alteraciones del equilibrio, dificultad para caminar o trastornos urinarios sin causa aparente. Cuanto más temprana sea la investigación, mayores serán las oportunidades de lograr un diagnóstico y un tratamiento adecuados. 

 

Referencias Bibliográficas

1) Thompson AJ, Baranzini SE, Geurts J, Hemmer B, Ciccarelli O. Multiple sclerosis. Lancet. 2018 Apr 21;391(10130):1622-1636. doi: 10.1016/S0140-6736(18)30481-1.

 

2) Rida Zainab S, Zeb Khan J, Khalid Tipu M, Jahan F, Irshad N. A review on multiple sclerosis: Unravelling the complexities of pathogenesis, progression, mechanisms and therapeutic innovations. Neuroscience. 2025 Feb 16;567:133-149.

 

3) Walton C, King R, Rechtman L, et al. Rising prevalence of multiple sclerosis worldwide: Insights from the Atlas of MS. Multiple Sclerosis Journal. 2020;26(14):1816-1821.

 

4) Dendrou CA, Fugger L, Friese MA. Immunopathology of multiple sclerosis. Nat Rev Immunol. 2015 Sep 15;15(9):545-58.

 

5) Filippi M, Bar-Or A, Piehl F, Preziosa P, Solari A, Vukusic S, Rocca MA. Multiple sclerosis. Nat Rev Dis Primers. 2018 Nov 22;4(1):49. doi: 10.1038/s41572-018-0050-3. PMID: 30410033.

 

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8) Bjornevik K, Cortese M, Healy BC, Kuhle J, Mina MJ, Leng Y, Elledge SJ, Niebuhr DW, Scher AI, Munger KL, Ascherio A. Longitudinal analysis reveals high prevalence of Epstein-Barr virus associated with multiple sclerosis. Science. 2022 Jan 21;375(6578):296-301.

 

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21) Amatya B, Khan F, Galea M. Rehabilitation for people with multiple sclerosis: an overview of Cochrane Reviews. Cochrane Database of Systematic Reviews 2019, Issue 1. Art. No.: CD012732. DOI: 10.1002/14651858.CD012732.pub2.

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